*Con esta reciente diáspora suman más de 10 mil migrantes desde enero de este año
/Tlachinollan Centro de Derechos Humanos de la Montaña
Tlapa; Guerrero, 10 de noviembre de 2025.- Entre las garras de grupos
delincuenciales, 855 mujeres, hombres, niñas, niños y jóvenes jornaleros de 10
municipios de la Montaña salieron en 17 autobuses rumbo a los campos agrícolas
del norte del país.
Sus esperanzas para mitigar el hambre están en los surcos de
verduras chinas y una variedad de productos, pero en su peregrinar son
hostigados, asaltados y son forzados a dar una “cuota” a los delincuentes. Este
jueves al filo de las 12 del día fue asaltado un autobús con familias
jornaleras en la salida de Xochihuehuetlán, cuando iban rumbo a los campos de
Chihuahua.
Las familias jornaleras que estaban trabajando con empresas
agroindustriales regresaron a sus comunidades en los últimos días de octubre
para convivir con sus muertos. Las manchas de flores amarillas en las tierras
de la comunidad nahua de Ayotzinapa resaltaban vívidas. Un camino de pétalos de
cempasúchil nacía más allá de las puertas de las casas. Después de ir a dejar a
sus seres queridos al panteón se empezaron a alistar para salir el 4 de
noviembre al campo Jamaica y Primavera en Guanajuato, sólo se alcanzaron a
registrar 143 jornaleros y jornaleras, niñas y niños.
A las 11 de la mañana la mayoría rodeaba los autobuses,
mientras otros buscaban las sombras de los encinos. Yacían en la tierra roja y
pedregosa los enseres domésticos que utilizan en los campos agrícolas, costales
y maletas llenas de ropa, cubetas para recolectar la cosecha en las empresas
agroindustriales. Los niños y niñas esperaban impacientes. Mujeres y hombres
permanecían atentos para subirse a los autobuses.
Los responsables de cada camión con lista en mano empezaron a
llamar a cada una de las y los jornaleros. Bajo el inclemente sol adultos,
niñas, niños y jóvenes en fila comenzaron a abordar los autobuses. A la 1 de la
tarde emprendieron el camino. Las niñas y niños con las manos en las ventanas
miraban los altos cerros.
En la casa del jornalero en Tlapa salieron dos camiones más
con 148 jornaleros y jornaleras a los campos de Michoacán, Jalisco y Nayarit.
En total en dos días salieron 855 indígenas, más de 250 familias. La población
jornalera que migró fue de las comunidades de Ayotzinapa, Chiepetepec, Tres
Caminos, Santa María Tonaya y Linda Vista del municipio de Tlapa;
Tlatlauquitepec, Xalpitzáhuac, Buena Vista del municipio de Atlixtac; San Juan
Huexoapa, Colonia Guadalupe y Francisco I Madero del municipio de Metlatónoc;
Zoyatlán de Juárez y Cerro Azul del municipio de Alcozauca; Cuautololo,
Cacahuatepec, Zacaxtlahuaca y Santa Anita del municipio de Copanatoyac;
Zilacayotitlán y El Rosario del municipio de Atlamajalcingo del Monte;
Acatepec, Cochoapa el Grande, Zapotitlán Tablas y Cualac.
Con esta reciente diáspora suman más de 10 mil migrantes
desde enero de este año. A pesar de las cosechas de maíz, frijol y calabaza,
las familias indígenas tienen que trasladarse a las empresas agroindustriales
para ganarse un dinerito para la sobrevivencia.
No sólo están atrapadas en el sótano de la pobreza, sino que
padecen el asedio de los grupos de la delincuencia organizada que se aprovechan
de su vulnerabilidad. Este miércoles 5 de noviembre tenían planeado tomar la
ruta por Chilapa, Chilpancingo para llegar a los estados receptores. Sin
embargo, a última hora recibieron amenazas para cambiar su ruta rumbo a Puebla.
Obligados, tuvieron que hacer una parada en la casa del jornalero porque cerca
dejaron una cuota de 5 mil pesos por camión.
Los caminos para las familias jornaleras han sido cada vez
más inseguros. Es un recorrido de 18 horas a tres días donde se enfrentan no
sólo con los tránsitos y policías que les quitan el único dinero que llevan
para sobrevivir los primeros días en los campos, sino también con los
delincuentes que los asaltan, les ponchan las llantas y los agreden con lujo de
violencia. No les queda más opción que seguir su camino a los surcos de la
explotación.
“En algunos campos la primera semana pagan por día, y después
depende del rendimiento. Por ejemplo, cada una cuesta 36 pesos, y si aguantas
cortar diez cajas te pagan 360 pesos, pero los que menos resisten o todavía no
están acostumbrados cortan 5 o 6 cajas. La entrada es a las 7 de la mañana,
salimos a almorzar y regresamos para salir a las 3 de la tarde, aunque depende
de cuánto trabajo haya, si hay mucho cultivo salimos hasta las 6 de la tarde”,
comentó Marcos.
Una jornalera relata que en las habitaciones hay agua, pero
no se trata de una vivienda digna porque son galeras o construcciones en obra
negra. Hay guarderías y escuelas de educación básica. Cuando alguien se enferma
tiene que acudir a los centros de salud que están a media hora o a una hora de
camino. “No estamos en las mejores condiciones, pero al menos tenemos trabajo
durante cuatro o seis meses. En nuestras comunidades no hay nada para comer,
por eso tenemos que migrar”.
Las familias jornaleras están envueltas en una encrucijada.
En sus comunidades están abandonadas por las autoridades municipales, estatales
y federales. No hay oportunidades para trabajar ni proyectos productivos que
les ayuden a salir adelante. Las siembras de maíz y la migración son las únicas
esperanzas para la subsistencia. Lo más cruento son los últimos episodios de
violencia que han sufrido y el asedio de los grupos delincuenciales. Es
alarmante, pero los tres niveles de gobierno han dejado a la población
jornalera a su suerte.


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