Miedo

Redacción
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Yo, ciudadano

GUSTAVO MARTÍNEZ CASTELLANOS


Inicia la última semana del primer mes de este 2026 y lo más relevante es que el miedo o temor resultó ser la emoción que ha dominado la mayor parte de este principio de año entre la población nacional.

Miedo a la aplicación de las nuevas disposiciones del sistema tributario mexicano que apoyado por la inteligencia artificial como herramienta tecnológica ahora tiene más alcance y profundidad para hurgar en los recursos de los mexicanos.

Este temor es generalizado porque, según la percepción que el SAT ha emitido, nadie se salva de ser fiscalizado, ni el rico ni el pobre, ni el asalariado ni el emprendedor, ni el ahorrador ni quien recibe regalos, donativos o transferencias y depósitos equivocados.

El entrecruzamiento de información entre los depósitos en bancos y las declaraciones fiscales, se da a entender de manera oficial, expondrá a la luz a cualquiera, sea o no, evasor.

Ser descubierto y ser señalado no es el problema, el problema radica en las multas y otras sanciones ya que éstas, aparte de ser altamente lesivas, exponen al indiciado a enfrentarse a una serie de trámites largos y molestos.

Otro temor de inicio de año es a la vulnerabilidad a que nos expone el registro de líneas de telefonía móvil pues nadie se hace responsable sobre los flagelos de siempre: pobre seguridad, usurpación de identidad y venta de base de datos.

Otra vez, nadie, que tenga un teléfono celular está a salvo.

Porque esta debilidad en el sistema expone a todo usuario, sobre todo a niños y a ancianos que no saben qué sí y qué no es peligroso en el uso de las líneas telefónicas.

Un temor más lo representa la afiliación a la CURP biométrica, pues aparte de los ínfimos índices de seguridad que tiene el estado mexicano en materia cibernética y la innegable corrupción en la que nada cómodamente el gobierno, existe el otro temor, aquel que nos dice al oído de que ahora somos más vulnerables, más controlables y más manipulables que antes pues un ciudadano, el que sea, puede ser eliminado completamente del sistema con el hecho de que alguien oprima el botón indicado. De esa forma, nadie querrá protestar o exigir sus derechos ante la poderosa burocracia cuatroteista so pena de sufrir acoso cibernético: ¿Cuántas prerrogativas constitucionales quieres perder con que tan sólo un burócrata o un político poderoso decida dar la orden de cambiar tu nombre en tu acta de nacimiento?

Así de fácil te quitan derechos, programas sociales (incluido Salud) y tu calidad de ciudadano: si a través del sistema alguien decide que no existas, no existes.

Terror sobre terror, el temor siempre latente de una invasión estadunidense a México se potenció con el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Después, ese temor adquirió matices de paranoia nacional con la amenaza se anexión de Canadá y Groenlandia.

Nadie está a salvo en ningún nivel.

Aún más si vemos que aparte del gusano barrenador que ahora afecta a seres humanos, ha habido brotes de rabia en muchos estados de la federación y ha vuelto la epidemia de sarampión, enfermedad viral que se creía erradicada en México desde hace medio siglo.

Ante todo esto no hay que olvidar agregarle el problema de la constante inseguridad en todo el país. Muertos por todos partes debidos a la violencia.

Y así ha iniciado 2026, con miedo, con incertidumbre, con indignación pues vemos que la 4 T sólo controla al ciudadano que cumple con sus obligaciones, el ciudadano que está registrado en todas partes, el ciudadano que paga sus impuestos.

Y a la vez, atestiguamos que la 4 T no controla la inseguridad, la corrupción ni los brotes de enfermedades ni otros males que se sabían superados en territorio nacional.

Ni siquiera podemos esperar que las cosas desempeoren con el avance natural del año porque en cada mañanera la presidenta deja entrever que no puede poner orden ni siquiera entre los miembros de su propio partido político, así ¿quién puede esperar a que ella ponga orden en el resto del país?

Entonces, resulta natural que todos sintamos miedo, mucho miedo en este 2026.

Y eso que apenas empieza...

Nos leemos en la crónica.

                                                                                                                Acapulco, a 26 de enero de 2026

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