*La carencia de un pago por la labor que desempeñan en el hogar,
se traduce en un empobrecimiento estructural de las mujeres en la vejez: Araceli
Ocampo/La Redacción
Chilpancingo; Guerrero, a 13 de abril de 2026. — Con el propósito de garantizar un
ingreso para cónyuges dedicados al hogar, cubierto por los recursos del otro
cónyuge como gasto de mantenimiento y en casos de vulnerabilidad, la diputada
Araceli Ocampo Manzanares propuso reformas y adiciones a diversas disposiciones
del Código Civil y de la Ley para la Igualdad entre Mujeres y Hombres, ambos
ordenamientos del estado de Guerrero.
En la iniciativa, presentada recientemente y analizada por
las Comisiones Unidas de Justicia e Igualdad de Género, la legisladora expone
que, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el
valor económico del trabajo doméstico y de cuidados representó alrededor del 24
por ciento del Producto Interno Bruto durante 2024 y 2025, lo que evidencia que
esta actividad, aunque no remunerada, constituye un pilar central de la
economía nacional.
Sin embargo, agregó que este trabajo permanece invisibilizado
y no genera ingresos directos para quienes lo realizan. La ausencia de un
ingreso básico para el cónyuge dedicado al hogar refleja una persistente
desvalorización social de estas tareas.
“En el caso mexicano, esta crisis se manifiesta en la
precarización de millones de mujeres que, al dedicarse al cuidado de sus hijas
e hijos y al sostenimiento del hogar, quedan excluidas de mecanismos de
seguridad social, ingresos propios y derechos laborales”, señaló.
Refirió que las mujeres —y en algunos casos los hombres— que
se retiran del mercado laboral para cuidar a sus hijos pierden años de
experiencia, capacitación y desarrollo profesional. En México, esto se traduce
en un empobrecimiento estructural de las mujeres en la vejez, muchas de las
cuales carecen de ingresos propios y dependen de redes familiares o de apoyos
públicos limitados.
Por ello, aseguró que la reforma permitiría redefinir la
noción de corresponsabilidad en el hogar, no desde una lógica de dependencia,
sino desde un enfoque de justicia distributiva que reconozca de manera efectiva
las aportaciones diferenciadas de cada integrante de la familia.
Además, se garantizaría que, dentro de la dinámica familiar,
quien asume la responsabilidad económica del sostenimiento del hogar lo haga
sin que ello implique la subordinación económica del otro cónyuge. Al
establecer un ingreso digno y propio para la persona cuidadora, se reconoce su
contribución como esencial para la reproducción social y económica, al tiempo
que se fortalece su capacidad de decisión, su independencia financiera y su
acceso efectivo a otros derechos.
