Show air Acapulco

Redacción
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Yo, ciudadano

/GUSTAVO MARTÍNEZ CASTELLANOS


Ha pasado casi una semana desde que el gobierno estatal soltó un enjambre de aviones sobre el puerto de Acapulco.

Fue, ha sido y será un espectáculo interesante porque nada tiene que ver con nuestras tradiciones la exhibición de toda esa tecnología, así sea obsoleta, ya que en nuestro solar lo más representativo es la gastronomía y los narcocorridos.

Sin embargo, en los oídos de los acapulqueños no deja de zumbar el paso de esos aviones, ruidosos, ubicuos, veloces y constantes.

Ahí va uno, es la falta de agua que padecen las colonias populares.

Ahí va otro, es la terrible inseguridad que nos impide vivir en santa paz.

Allá va uno más, es la violencia que cada día deja en nuestras calles su cuota de cuerpos acribillados por los miembros del crimen organizado.

Aquél es de color violeta, es la zozobra de nuestras mujeres acapulqueñas que día a día se exponen a todo tipo de abusos y de violencia.

Aquél es enorme, es la corrupción que asfixia al gobierno municipal de cuyos cochupos apenas hemos visto la punta del iceberg.

Este que anda por acá es rarísimo, es el discurso oficial que en cada declaración señala avances en materia social pero que en cada cuestionamiento por parte de la prensa destripa el lenguaje para ocultar verdades con referencia a la transparencia en el manejo del erario.

Allá viene un escuadrón, son las campañas electorales anticipadas.

Estos que vuelan por este lado no dejan de estorbarse unos a otros, es "fuego amigo".

Ése es el verdadero air show. El único espectáculo que los gobiernos de la 4T pueden garantizar a la población sureña. La única realidad que no podemos eludir: falta de agua, inseguridad, violencia, crimen, corrupción, mentiras, demagogia y una feroz batalla por conservar el poder.

Todos esos aviones cruzan a diario todo el espacio acapulqueño a todas horas. Nos nublan la luz del sol, envenenan nuestro aire de respirar, ensucian la bahía, ennegrecen el paisaje y convierten a Acapulco en un cochinero.

No vuelan sólo dos días en noviembre, vuelan, planean, circulan sobre nosotros todo el año a expensas de nuestros impuestos, a expensas de nuestra civilidad y de nuestra naturaleza de pueblo noble.

Es una imposición de los gobiernos estatal y federal. Es el cumplimiento de dos compromisos: con los amigotes de algún politicazo bien macizo de la 4T y con la consigna de dar al pueblo pan y circo.

Sin embargo, los acapulqueños conscientes del increíble deterioro de nuestra ciudad estamos hartos de todo ese cinismo y por eso preguntamos ¿por qué el gobierno no nos da un mejor nivel de vida?

¿Por qué MORENA se transformó en aquello que criticaba hace siete años? Siete años.

¿Por qué nos castiga de esa forma?

El oscuro enjambre de negros avioncitos zumba todo el tiempo sobre nuestras cabezas, sobre nuestras conciencias, sobre nuestro futuro: ¿hasta cuándo seguiremos comprando espejitos y cuentas de vidrio? ¿Hasta cuándo, Acapulco dejará de ser una república bananera?

Avioncitos.

No los necesitamos.

Necesitamos agua, necesitamos seguridad, necesitamos certezas, necesitamos orden, necesitamos transparencia. Necesitamos agua. Agua.

Pero en lugar de todo eso, los gobiernos federal, estatal y municipal nos dan avioncitos

Avioncitos...

Nos leemos en la crónica.

Acapulco, a 27 de noviembre de 2025

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