/JOSÉ
ANTONIO RIVERA ROSALES
Decir
que se trata de guerra sucia fue la salida del sempiterno aspirante a la
alcaldía de Acapulco, Yoshio Avila, para deslindase de señalamientos que lo
acusan de estar involucrado en malos manejos en el hospital de Alta
Especialidad del ISSSTE en Acapulco.
En
realidad, se trata de una denuncia formal de un sector de trabajadores de ese
Hospital, afectados por graves irregularidades que en unos meses colapsaron la
operatividad del nosocomio.
En
esencia son 30 trabajadores -médicos especialistas, por cierto- que fueron
contratados por el hospital en septiembre del año pasado, pero a quienes inexplicablemente
dejaron de pagar sus servicios. Sólo les dijeron que no había dinero para sufragar
el compromiso.
El
Hospital de Alta Especialidad fue construido por el gobierno de López Obrador
con un costo de tres mil 400 millones de pesos. Terminó de construirse en
agosto de 2025 y arrancó contrataciones en septiembre.
Como
es de suponer, al tratarse de un hospital de alta especialidad, muchos médicos
presentaron sus documentos para ser contratados. Eso sucedió en septiembre,
pero al arribo de diciembre los doctores perdieron la paciencia al negarse la
administración a pagarles sus servicios “porque no hay dinero”.
En
rueda de prensa presentaron los documentos de contratación y toda clase de
evidencia probatoria de su condición laboral.
Fue
Benjamín Sandoval Melo, un respetado académico y enlace de la Comisión
Intersindical de Asociaciones Civiles y Derechohabientes del ISSSTE, quien
denunció que al investigar lo que pasaba, encontraron contratos de subrogación
de servicios de diálisis entre el hospital del ISSSTE y el hospital privado
Santa Lucía, por más de 30 millones de pesos.
Además,
encontraron evidencias de que unos 150 aviadores cobraban en ese hospital
religiosamente
sus emolumentos, pero sin trabajar. ¿Entonces cómo es que no había recursos
para pagar a los contratados?
De
ahí los inconformes encontraron indicios de que tanto algunos directivos como dichos
aviadores formaban parte de la estructura electoral de Yoshio Avila González,
el aspirante a la alcaldía que ha militado en diversos partidos políticos.
La
denuncia se hizo pública en diciembre pasado y generó tanto escozor que motivó
la visita de Martí Batres Guadarrama, director general del ISSSTE, quien
supervisó el nosocomio para conocer de primera mano las imputaciones contra las
autoridades de dicho hospital.
Como
resultado de la auditoría oficial fueron separados de sus cargos el director
general del hospital, Juan Carlos Hernández Luna, así como el subdelegado
administrativo Jaime Enrique Gil Manjarrez y el subdirector administrativo
Javier Galeana Nájera.
Otros
funcionarios despedidos fueron la coordinadora de Recursos Humanos, Citlali
García Calixto; el coordinador de Mantenimiento, Omar Teodoro Salvador; el de
Recursos Materiales, Efrén Gutiérrez; el de Atención al Derechohabiente,
Natividad Navarrete Galeana; el de Recursos Financieros, Isaías Manuel Galindo,
además del de Servicios Generales, José Antonio Silva Pérez.
Batres
Guadarrama aún no ha hecho público el alcance del desfalco -que, para efectos
de ley, se trataría de peculado, delito grave sancionado por la ley-, pero es
de esperar que más allá de despidos se le dé curso a un procedimiento penal que
tendría que perfilarse ante el Ministerio Público Federal, por tratarse de un
daño al patrimonio del instituto.
Representados
por el médico anestesiólogo José Arturo Avila Vega, los directamente afectados
demandan una audiencia con Batres Guadarrama, que ha guardado silencio ante la
sentida demanda de los médicos.
En
todo caso, menudearon las denuncias que implican a Avila González con el desvío
de los recursos del nosocomio.
Ante
la proliferación de imputaciones en redes sociales, el aludido salió a decir
-como si se tratara de un juego- que es guerra sucia porque es el puntero en
las preferencias por la alcaldía. Sí, cómo no. Es el estilo de Yoshio Avila,
por eso le dicen el rey de las encuestas. Pero de las encuestas patito.
En
2021 durante la elección por la presidencia municipal, Abelina le ganó por un
amplio margen. En 2024 fue peor: Abelina ganó por 138 mil 697 votos, contra los
43 mil sufragios logrados por este falsario (aseguraba que tenía la mayoría
absoluta), lo que significa que fue superado por más de cien mil votos.
Este
es el tipo de candidatos que han proliferado en los tiempos actuales:
mentirosos, cínicos y con patrocinios oscuros.
Vea
usted si no: Yoshio Avila es nada menos que el delfín del senador Augusto López
Hernández, uno de los cabecillas más corruptos de la 4T, acusado de implicación
con la delincuencia organizada, tráfico de influencias y, más aún, con el
huachicol fiscal (tráfico ilegal de combustible), que alcanza un monto estimado
en más 600 mil millones de pesos.
Lo
del huachicol es el escándalo más sonado del sexenio de López Obrador, pues
implica a su secretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán, cuyos sobrinos
almirantes resultaron directamente involucrados con tamaño delito, que sólo
puede prosperar al amparo del poder.
Ese
es el patrocinador de Avila Gónzalez, un jovencito que no ha podido explicar de
dónde vienen sus ingresos: repartía despensas como si fueran juguetes, pero
nunca explicó de dónde provenían los recursos. Se dice empresario, pero nadie
le conoce empresa alguna.
Pero
no quita el dedo del renglón: en últimas fechas se ha dejado ver en compañía
del diputado Julián López Galeana, ambos identificados por el sino de la
traición. Si tienen duda, amigos lectores, pregunten en la cúpula de Movimiento
Ciudadano, donde le colgaron el mote tanto a uno como a otro.
En
estricta justicia, Martí Batres debiera llevar la investigación de los desvíos
en el hospital hasta las últimas consecuencias, para que los responsables
paguen con prisión su ambición desmedida que no respetó la integridad de una
institución de salud pública…

