El general Trevilla en el trago más amargo de su aflicción

Redacción
0

/VERÓNICA CASTREJÓN ROMAN


La emoción llegó de golpe, las remembranzas no.

A lo largo del recuento de los hechos, al hombre fuerte, importante, poderoso, las imágenes se le atropellan: los vio jóvenes, escuchó sus risas, los miró a los ojos; tal vez, en alguna ocasión les sonrió.

Luego las balas, el tiroteo; corriendo todos hacia su destino con el alma puesta en el cumplimiento de su deber.

Fuertes, valientes, arrojados… y el estruendo, y el fuego… y el desenlace.

Ni las cifras frías pudieron detener el rictus primero ni el sollozo contenido después, breve, sin lugar al consuelo, frente a la pantalla del monitor.

Sus compañeros de armas y de lucha, de planes y tareas; sus almas viejas que miraron a la patria con amor y con lealtad le regalaron su vida, para dejar ejemplo de valor y honor.

Tal vez vino a su mente la madre, el padre, la esposa, los hermanos y hermanas a quienes tuvo que dar la fatal noticia en momentos que para todos son difíciles…sí, tal vez todo eso pensó.

Lo sostuvieron sus brazos sobre el podio, pero el llanto se le quedó adentro, para llorarlo a solas, quizá, con el agridulce sabor del deber cumplido… en medio del dolor.

Mas, con la frente en alto, levantó la mirada y expresó: “Es definitivo que cumplieron su misión y, ¿qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado mexicano”. 

Y, ahí fue donde se le reventó la voz.

Acapulco, a 23 de febrero de 2026

Publicar un comentario

0Comentarios

Publicar un comentario (0)

#buttons=(¡OK!) #days=(20)

Nuestro sitio usa cookies para mejorar tu experiencia.
Accept !