Acapulco; Guerrero, a 13 de abril de 2026.- Aquel mediodía de 2015 un helicóptero militar se desplazaba a baja altura para infiltrar un grupo de soldados en una zona abrupta cercana a la capital tapatía. La aeronave transportaba un equipo táctico que reforzaría el operativo en tierra diseñado para capturar a Nemesio Oseguera El Mencho.
De súbito un golpe impactó el rotor de cola del aparato que, tras una explosión fulminante, se desplomó sin control barranca abajo, mientras el piloto hacía maniobras para equilibrarlo. El helicóptero, un EC 725, transportaba un total de 18 personas a bordo, la mayoría de ellas efectivos de las Fuerzas Especiales, además de dos agentes de la Policía Federal. Murieron 9 elementos en ese atentado.
Ese ataque dio al traste con el Operativo Jalisco, diseñado especialmente para capturar al jefe indiscutible del cartel del mismo nombre.
Desde
esa fecha -primero de mayo de 2015- dejaron de ser seguros los cielos de
México.
Era presidente el priista Enrique Peña Nieto.
De fabricación francesa, el Eurocopter725 es un helicóptero táctico usado para infiltración y exfiltración en entornos hostiles. Tiene capacidad para transportar a 29 personas, con una autonomía de vuelo de más de 300 kilómetros y una velocidad de desplazamiento de 324 kilómetros por hora.
Dispone de dos lanzacohetes laterales dotados de 19 cohetes de 68 milímetros, además de dos cañones Giat de 20 milímetros con 180 proyectiles. Asimismo, cuenta con soportes para lanzacohetes y ametralladoras tipo MAG calibre 7.62, el mismo calibre que queman los fusiles AK 47.
Es un aparato que cuenta con instrumentos avanzados de navegación que lo hacen casi invulnerable a cualquier ataque, además de disponer de cinco palas en lugar de las cuatro con las que vuelan los demás helicópteros. Es, pues, una formidable máquina de guerra que, no obstante, fue abatida por un lanzacohetes RPG, de manufactura rusa, que cuenta con un alcance máximo de 500 metros y es usado desde el hombro por un operador, que en este caso seguramente fue un mercenario.
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En sus inicios, Mencho trabajó como escolta del capo Ignacio Nacho Coronel, uno de los cabecillas históricos del narco mexicano.
Nacho Coronel, como todos lo conocían, era un capo que se llevaba bien con todos los jefes del narco de los años noventa. Se caracterizaba por su rechazo a la violencia. Era partidario siempre de resolver los conflictos por la vía pacífica, para no perjudicar el negocio de la droga.
Todos los capos históricos lo buscaban para mediar en los conflictos: desde Amado Carrillo El Señor de los Cielos hasta Juan José Esparragoza El Azul, pasando por los Beltrán Leyva y Osiel Cárdenas Guillén, Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael Mayo Zambada.
Era, pues, una familia feliz. Inclusive una buena parte de sus cónclaves se llevaban a cabo en Acapulco, por cuyas calles solía pasear despreocupado Nacho Coronel con una escolta muy reducida para no llamar la atención.
De este capo tan particular fue escolta Mencho. De él aprendió todo lo que necesitaba saber para comenzar su propio negocio.
Pero no sólo aprendió de Coronel: también fue alumno de Carlos Rosales Carlitos, un pistolero temible oriundo de Aguililla, Michoacán, la tierra natal del propio Mencho.
Pero el punto de quiebre en su relación con los capos fue el noviazgo con Rosalinda González Valencia, una integrante del clan de Los Cuinis, fundadores del llamado Cartel del Milenio, que de lavar dinero para otros narcos pasaron a traficar con fentanilo. Estos hermanos González Valencia fueron en realidad los precursores del tráfico de fentanilo a los Estados Unidos.
Nacho Coronel murió acribillado en julio de 2010, en tanto Carlos Rosales murió d la misma manera en diciembre de 2015.
Esos fueron los dos ramales de dónde abrevó Nemesio Oseguera, pero la influencia determinante fue su esposa y sus cuñados. Tan así, que tras su caída y muerte el pasado 22 de febrero, uno de sus cercanos, Juan Carlos Valencia González, conocido como el R3 y a quien se atribuye el mando de la estructura armada del CJNG, quedaría como el nuevo jefe de la organización criminal.
Esta designación del nuevo mando (quien por cierto es ciudadano norteamericano) se explica a partir de la confluencia de intereses entre Los Cuinis y la estructura armada del CJNG, que opera un grupo de élite integrado por mercenarios.
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En definitiva, no es una buena noticia: la designación del R3 como máximo jefe del CJNG parece anticipar una nueva etapa hiperviolenta de esa organización criminal, en su confrontación con el estado mexicano.
Hay otros jefes que forman parte de la estructura de poder dentro del CJNG: Audías Flores Silva a quien apodan El Jardinero, Ricardo Ruiz Velasco el Doble R, y Gonzalo Mendoza Gaytán El Sapo, pero en definitiva el CJNG actúa en concordancia con el grupo de Los Cuinis, que opera como su brazo financiero.
Parece obvio que el CJNG se prepara para enfrentar a las unidades antinarco del gobierno federal, en especial a la Unidad Nacional de Operaciones (UNO) de la SSP, que está bajo el mando de Omar García Harfuch, que es la estructura oficial que ha venido rastreando al cartel desde hace años, razón por la cual consideran al funcionario como un enemigo personal.
Parece obvio que tanto el personal del cartel como las Fuerzas Armadas se preparan para una larga confrontación, dadas las capacidades logísticas y de fuego de la organización criminal.
En diferentes cateos, las fuerzas federales han decomisado armamento ofensivo a ese cartel, propio más bien de una organización guerrillera.
Han requisado el socorrido rifle Barrett de 50 milímetros, con el que también pueden bajar helicópteros, pero igualmente fusiles de guerra FN SCAR (acrónimo de rifle de combate de fuerzas especiales, muy utilizado por el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos).
También han hallado lanzagranadas de 40 milímetros, además de la ametralladora Minigun (XM134), un ametrallador giratorio que prácticamente levanta un muro de fuego entre los oponentes, con ráfagas de hasta 200 tiros por minuto.
Finalmente, los sicarios de ese cartel han mostrado los consabidos lanzacohetes RPG de fabricación rusa así como los belgas RL83, que cuentan con un alcance de hasta 900 metros. Eso, claro sin mencionar los fusiles AK 47, AK 74 y AR 15 que ya son de uso común entre los criminales.
Con tal armamento, claro que lo que se espera no será nada apacible para la ciudadanía que se encuentra inerme entre los criminales y las fuerzas de seguridad.
Habrá
que recordar que el CJNG es en realidad una organización criminal integrada por
92 formaciones delictivas locales, con presencia en 20 estados del país, lo
cual se demostró con la reacción que se produjo el pasado 22 de febrero, cuando
fue abatido Nemesio Oseguera. Las reacciones tuvieron un corte terrorista que
obligaron a desplegar todas las capacidades de las fuerzas armadas.
Con todo, el CJNG es sin duda la organización criminal más poderosa entre todos los cárteles, muy por encima del Cartel de Sinaloa y otras agrupaciones de ese mismo talante que existen en el país.
Esa estructura se parece un poco a la del Ejército Popular Revolucionario (EPR) que en realidad es una formación integrada por células político militares locales con presencia en diferentes regiones del país, lo que hacía suponer que esa guerrilla maoista era una estructura orgánica con presencia nacional.
Todo esto adquiere especial relevancia si se toma en cuenta la denuncia de la colega Anabel Hernández, quien reveló que en el pasado reciente el CJNG pagó 20 millones de dólares para financiar actividades de campaña de la hoy presidenta Claudia Sheibaum. Si esa versión tiene razón de ser, entonces existe un agravante funesto para valorar las reacciones de los jefes mafiosos: se sienten traicionados.
Esto es, los líderes de esa organización criminal buscarán alguna manera de cobrarse el agravio.
Lo que viene, pues, podría parecerse a una guerra sin cuartel en la que, lastimosamente, pagarán las consecuencias jóvenes soldados del Ejército Mexicano tanto como de la Guardia Nacional, una corporación que adolece de fogueo de combate.
A
todo esto, ¿qué fue lo que pasó aquel 22 de febrero en que cayó abatido El Mencho?
Este operativo especial está sumergido en una total opacidad por parte de la Defensa Nacional, cuando no debería ser así tratándose, como lo es, de un tema de interés público.
Héctor de Mauleon, uno de los más incisivos analistas que tenemos en México, citando a mandos de la Defensa reveló que los militares caídos en esa operación ascienden en total a 122. Esta cifra contrasta rotundamente con los veintitantos soldados abatidos según la versión oficial.
Tan sólo en una comunidad conocida como San Isidro, en el mismo estado de Jalisco, aquel día aciago fueron emboscados una veintena de jóvenes de la GN, a quienes cortaron toda posibilidad de salida. Aunque los guardias pidieron apoyo, nadie acudió a auxiliarlos y los muchachos perecieron masacrados, siempre según la versión de De Mauleón. En algunos grupos de Whatsapp circularon fotos de los jóvenes guardias nacionales abatidos en un terreno abrupto.
Estos números son comprensibles si se toma en cuenta las capacidades de los mercenarios que formaban parte de las tres líneas de seguridad de Oseguera, así como el armamento que portaban.
Todo
esto plantea un balance muy delicado de la situación en materia de seguridad en
la que todo podemos esperar de esta organización narcoterrorista.
¿Qué, pues, pueden esperar los ciudadanos comunes?

