En la política, los liderazgos suelen medirse por los discursos, en los Congresos, en cambio, se miden por la capacidad de construir consensos. Y ese parece ser el desafío que ha asumido Joaquín Badillo Escamilla desde que fue designado presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Congreso de Guerrero, el órgano encargado de conducir la vida política y administrativa del Poder Legislativo.
Hasta el momento, Joaquín Jacko Badillo ha logrado demostrar
las habilidades desarrolladas gracias a su experiencia empresarial y en la
docencia, que, junto con la disciplina, permiten pulir capacidades de
liderazgo, claridad de pensamiento y negociación.
La tormenta desatada por la resistencia de algunos
legisladores, para aprobar su propio nombramiento como líder de la Jucopo,
quedó salvada, lo mismo que la inconformidad de dos diputadas por la
designación de la titularidad de un par de direcciones en el seno del Congreso,
gracias a la habilidad de Badillo Escamilla para tender puentes.
No obstante, el reto que ahora enfrenta le exigirá demostrar
de qué está hecho, pues deberá colocar en el centro del análisis la ética
legislativa para resolver positivamente el conflicto que enfrenta la Auditoría
Superior del Estado (ASE) con el Ayuntamiento de Acapulco, luego de que la
Suprema Corte de la Nación resolvió que ese órgano fiscalizador del Congreso no
tiene atribuciones para fiscalizar los recursos federales aplicados por el
municipio.
El fallo del máximo tribunal constitucional colocó al borde de una tablita al auditor superior del estado, Cesar Paris Peralta Hidalgo, y, al líder de la Jucopo en una seria disyuntiva, pues la alcaldesa con licencia, Abelina López pide que el Congreso destituya a esa pieza clave de su equipo, por extralimitarse en sus funciones.
Tiempo de pruebas para Joaquín Badillo que le exigen generar acuerdos antes que confrontaciones.

