Yo, ciudadano
Gustavo Martínez Castellanos
Que la presidenta de México haya conseguido que el Secretario
de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, haya expresado su respeto y su
admiración hacia el trabajo que el gobierno de la 4T está haciendo para
enfrentar grupos narcoterroristas, puede considerarse un enorme logro de esta
administración en materia de relaciones internacionales.
Desafortunadamente, sólo sería eso, porque en los números
domésticos dicha labor sólo resalta en el discurso político propagandístico ya
que la realidad es otra: la violencia no cesa.
Por poner un ejemplo, hablemos de Guerrero, gobernado por los
morenistas Evelyn y Félix Salgado, padre e hija.
Nada más en los últimos quince días ha habido más de 50
muertes dolosas entre las que destacan 17 campesinos asesinados a mansalva por
grupos radicales que en el lugar de la emboscada le quitaron la vida a 11 de
ellos y los otros 6 murieron en el hospital debido a la gravedad de las heridas
de bala.
Pero no sólo hay víctimas en los grupos más vulnerables,
también la élite del partido ha sufrido actos de violencia tal como ocurrió
este martes 2 de septiembre en el que fue asesinado Hossein Nabor Guillén, subsecretario
de Política Social de la Secretaría del Bienestar en la entidad.
No acababa de terminar agosto ni acababa de empezar
septiembre cuando los números de asesinatos violentos aumentaban el lamentable
índice de la criminalidad en Guerrero, todo, en el marco de la visita que la
presidenta Claudia Sheinbaum realizó a la entidad.
Es importante observar que, en el inicio de su mandato, días
antes de la visita de Sheinbaum a Guerrero, había una sospechosa disminución en
el índice de asesinatos.
Como dato curioso también, este índice regresaba a su nivel
“normal” días después de que la presidenta abandonaba la entidad suriana:
volvían los asesinatos.
Pero hubo un cambio imposible de soslayar, pues precisamente
a unos días de que la presidenta viniera a Guerrero el 22 de agosto, el 17 del
mismo mes se dio ese ataque a dichos comuneros en las inmediaciones de Ayutla
en la región de la Costa Chica guerrerense.
Esto hace entrever que la “tolerancia” de los grupos
criminales que dominan la entidad ha desaparecido.
No se sabe si esa “tolerancia” había sido pactada entre estos
grupos y el gobierno de Evelyn Salgado y su padre, Félix Salgado, lo que sí es
posible constatar es que esa tregua finalmente se rompió y desde aquel día la
entidad ha caído en una espiral de violencia que hasta el día de hoy reporta
medio centenar de decesos por arma de fuego o por aplicación de torniquetes,
método muy usado por criminales en Acapulco y del que ninguna autoridad ha
hecho mención cuando informa sus negros números.
La violencia en Guerrero no es única; es virulenta y
significativa en muchos rubros, es pastosa y quizá hasta rítmica, pero no es
privativa de la entidad, aqueja a todo el país, ya que, como se ha registrado,
últimamente otros estados de la república también han sido presas de los grupos
criminales que han ensangrentado a aquellas sociedades.
De esa forma, es decir, con base en todos esos datos, de los
cuales el de Guerrero es el más ilustrativo, se puede resumir que la violencia
ha sentado sus reales en México de manera por demás pasiva en forma de una
terrible contradicción, ya que, sin tantos aspavientos, se hace manifiesta de
forma casi cotidiana, casi normal, casi tradicional, casi casi como un uso y
costumbre de México; tanto así, que sólo faltaría que a Secretaría de Turismo
de la 4T la promocionara en otros países como parte del folclor mexicano.
Y es aquí en donde es necesario observar la visita de Marco
Rubio quien pondera y alaba la estrategia de seguridad de Claudia Sheinbaum:
Van bien. Ningún país he hecho tanto por la lucha contra la violencia, ha dicho
el Secretario de Estado de Estado Unidos.
Sí, en efecto, ningún país ha entregado tantos de sus
criminales de alta gama a Estados Unidos, ninguno ha cerrado tan herméticamente
sus fronteras a la migración ilegal, ninguno ha puesto cada acción de gobierno
en busca del beneficio de ese poderoso país a grado tal que la presidencia de
México ya actúa como una dirección o subsecretaría del gobierno de Donald
Trump.
Y eso tal vez esté bien, ¿quién quiere hacer enojar a ese
poderoso y belicoso país, con el que, además, tenemos el ochenta por ciento de
la economía nacional comprometida hasta el tuétano?
El problema radica en que mientras el gobierno estadunidense
está obteniendo seguridad y apoyo sin precedentes en la búsqueda de la
tranquilidad de su país, en México las cosas presentan un panorama radicalmente
opuesto.
En México, la guerra se libra en todos los frentes y, por lo
que hemos podido ver en Guerrero, México va perdiendo.
De esa forma podemos decir que, en los discursos, las cosas
pintan bien porque el espaldarazo que Marco Rubio ha dado al gobierno de Sheinbaum
otorga un voto de confianza a la presidenta quien lo va a rentabilizar en el
discurso, es decir, que su gobierno se va a pavonear durante un buen rato
(quizá hasta la ceremonia del Grito) presumiendo que “vamos bien, como ya lo
dijo nada más ni nada menos que el Secretario de Estado de Estados Unidos”.
Sin embargo, en México y en Guerrero, hay cada día más
hogares enlutados, hay más viudas, más huérfanos, más temor y más rechazo a la
4T.
Y últimamente, este rechazo se ha hecho de manifiesto en
diversas publicaciones en las que se declara a Guerrero como un estado fallido
y en las que se pide que se declare la ausencia de poderes y, a la vez, que se
defenestre a la actual gobernadora que ya demostró que no sabe gobernar y que
no puede con el problema.
Y no es mentira, Evelyn Salgado es cada día más impopular y
en concordancia con eso, cada vez que puede su padre expone que, en aras de
apoyar a los nuevos reglamentos, no buscará la gubernatura (aunque miente) todo
esto como un indicativo de que necesitan el apoyo de la presidencia para,
cuando menos, llegar a terminar su periodo de seis años con todos los aviadores
y familiares incrustados en las nóminas estatales.
Y así como Sheinbaum da espaldarazos a Evelyn a través de sus
discursos, Marco Rubio ha dado un espaldarazo en su discurso a Sheinbaum. Sólo
discursos.
La 4T aun respira, pero es evidente que, al igual que México,
sangra profusamente de forma interna y tal vez le queda poco tiempo antes de
que el país más belicista del mundo termine por cansarse de esperar y envíe de
una vez sus tropas a “acabar el trabajo”.
Algo que, dicho sea de paso, el gobierno de Sheinbaum no
quiere hacer en su propio país.
Nos leemos en la crónica
Acapulco, 12 de septiembre de
2025


