El Marinabús. (Ingenuidad acapulqueña II)

Redacción
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Foto Cromática, La agencia relatora de la realidad

Yo, ciudadano


/GUSTAVO MARTÍNEZ CASTELLANOS


El Marinabús, por fin, el lunes once de noviembre, atracó en el muelle de Puerto Marqués.

Dicho evento fue un logro del diálogo y la concertación entre autoridades y marquesanos, pero, a la vez, fue un retroceso y una jugada política del gobierno federal que, otra vez, hace uso de trucos publicitarios para limpiar su imagen, esta vez a costa de los acapulqueños.

Los beneficios que Puerto Marqués va a recibir no son beneficios, son parte del trabajo que los tres órdenes de gobierno deben otorgar a toda comunidad por el simple hecho de que sus habitantes pagan impuestos: agua, seguridad, vialidades, alumbrado y, en el caso de Puerto Marqués, el dragado de la Laguna negra para que ésta no sólo sea navegable sino para que sus aguas no se pudran y no generen no sólo un desastre ecológico sino un desastre de salud en el enclave.

Que los marquesanos exigieran el desazolve, en realidad beneficiaba más al gobierno que a los marquesanos porque la contaminación que pudo haberse propiciado hubiera perjudicado a una extensa geografía de ese lado de la zona diamante a través de sus mantos freáticos.

Así, concederle esos beneficios a los marquesanos benefició más al gobierno de la 4 T que a los marquesanos mismos.

Con el asesinato del alcalde Uruapan, el gobierno federal y MORENA estaban pasando por un momento muy difícil, por esta razón, que en Acapulco, un enclave tan emblemático como Puerto Marqués, se levantara contra disposiciones del gobierno federal, ponía nuevamente en entredicho la eficiencia del gobierno, es decir, exponía al gobierno de Claudia Sheinbaum como demagógico.

Para subsanar ese problema, el gobierno cedió en todo y de esa forma deshizo dos nudos, uno administrativo y otro mediático, uno con el que el gobierno puede decir: "Ya ven, el gobierno de Claudia Sheinbaum sí cumple" (priismo puro, es decir, demagogia pura).

Que el gobierno federal necesita más a Puerto Marqués que Puerto Marqués al gobierno federal, se explica así: en el marco del reposicionamiento de Acapulco, la intervención del capital privado es un punto medular.

Desde hace varios años se supo que el magnate Carlos Slim había proyectado rentabilizar la Península de la Playas pero para eso necesitaba infraestructura y un muelle en la zona diamante.

La infraestructura se requiere desde hace décadas en esa zona de Acapulco porque todos sus servicios datan de hace tres cuartos de siglo: drenaje, pavimentación, deslindes, seguridad.

En su primera incursión en la zona, el gobierno federal se encontró con que ésta se hallaba bajo el dominio de grupos delincuenciales y cuando intentó intervenir los criminales respondieron con violencia extrema: un día se pelearon a tiros entre ellos, pero no solo usaron pistolas y metralletas sino también granadas de fragmentación y bazukas.

Sí, bazukas.

A esa delirante jornada se le dio el nombre de La Batalla de Caleta.

Este suceso desinfló los ánimos por invertir en la zona y el proyecto se mandó al archivo muerto. Ahí donde también se encuentra el proyecto del muelle de Revolcadero, una estructura metálica que se construyó y después se desbarató sin que ni una sola nave hubiera atracado en ella y sin que ni un sólo pasajero hubiera transitado en ella

Su existencia, la del muelle, iba completar el ciclo siguiente: los turistas llegan en avión a Plan de los Amates, un vehículo terrestre de lujo los transporta al muelle, un vehículo marítimo (¿el Marinabús?) privado los transporta al muelle de Caleta y otro vehículo terrestre de lujo los lleva hasta su condominio en la privatizada Península de las playas.

Como todo eso se vino abajo, ahora se usarán los muelles del Malecón y de Puerto Marqués.

Los marquesanos cedieron el muelle a cambio de nada.

Decir que el Marinabús es una alternativa de movilidad para turistas y acapulqueños resulta ser el pináculo de la demagogia porque aceptar eso significa que la extensa red de vialidades terrestres con que cuenta el municipio y que hoy día se encuentra en deplorable estado, no va a ser atendida, no va a ser reparada, no va a ser optimizada y significa que quienes no usemos el Marinabús vamos a seguir sufriendo esta vialidad inoperante.

Los tres órdenes de gobierno siguen vendiéndonos espejitos y cuentas de vidrio.

Y el acapulqueño promedio los compra con singular gusto porque hasta celebra esas estafas con bombo y platillo.

Mientras tanto, no hay agua, las vialidades son un desastre, la inseguridad campea a sus anchas y todos en Acapulco tenemos que sufrir de pésimos servicios y por consiguiente de pérdida de tiempo productivo y de retrasos inverosímiles aun en nuestras agendas personales

En resumen: nos condenamos a nosotros mismos a vivir por siempre en la inoperancia, en la ineficiencia, en el atraso.

En la ignominia.

Porque ya es posible escuchar a la alcaldesa Abelina López responder con su proverbial cinismo cuando se le reclame que las calles del puerto están intransitables: "Usen el Marinabús", aun cuando nuestro destino sea la colonia Alta Progreso.

Nos leemos en la crónica.

                                                                                                        Acapulco, a 14 de noviembre de 2025 

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