Acapulko Tropikal
/MISAEL HABANA DE LOS SANTOS
Esta mañana, la presidenta de la República, Claudia
Sheinbaum, intervino y colocó el asunto no sólo en la agenda estatal, sino en
la conversación del país entero.
Vamos por partes.
Rubén Figueroa Figueroa
La historia oficial dice que fue un gobernador legítimo,
elegido por el entonces todopoderoso PRI. También dice —y lo dicen las víctimas
y sus familiares— que durante su gobierno se cometieron violaciones graves a
los derechos humanos, ejecuciones extrajudiciales, persecución política y
represión. Si este personaje viviera hoy, enfrentaría tribunales
internacionales por delitos de lesa humanidad.
Comparado con los parámetros contemporáneos, estaríamos
hablando de un perfil cercano al sociópata político o al dictador tropical que,
de existir ahora, tendría a la ONU encima. Pero en aquel tiempo México estaba
blindado por un superpartido que protegió y encubrió toda la maquinaria de la
represión.
La “guerra sucia” dejó más de 500 desaparecidos en Guerrero.
Lo dice la historia, lo dice la memoria y lo dicen los huesos que siguen sin
encontrar.
La gente mínimamente informada sabe una parte del relato,
aunque la historia oficial —esa que se enseña en los libros de texto— todavía
no la cuente como debe. Esa es otra omisión que el Estado, tarde o temprano,
tendrá que corregir.
Recuerdo bien la campaña de la actual gobernadora Evelyn
Salgado Pineda. En Huitzuco —mal llamado “de los Figueroa”— habló del tema.
Propuso incluso renombrarlo como Huitzuco de los Libres, aludiendo a Ayutla de
los Libres. Ella conoce la historia de Guerrero; estuvo cerca del conflicto
político que su padre tuvo con los Figueroa. Así que no, no es ignorancia de la
gobernadora.
El problema es el entorno: personajes sin convicciones de izquierda, sin
memoria histórica y sin sensibilidad para comprender los símbolos del poder. Y
cuando el entorno falla, los errores se vuelven públicos.
La reconvención de la CNDH
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) no tardó
en intervenir.
Emitió una reconvención directa al Gobierno del Estado y a la gobernadora,
exigiéndole respetar la memoria de las víctimas de la violencia política de
Estado y condenando el homenaje realizado al natalicio de Rubén Figueroa.
La CNDH recordó que Guerrero está obligado a cumplir las
recomendaciones 104/95 y 98VG/2023, que documentan desapariciones forzadas,
asesinatos, persecución política y uso sistemático del aparato estatal para
reprimir. Fue un mensaje claro: no se puede rendir honores a quienes violaron
derechos humanos. No en el país del 2025. No en el estado que carga una de las
memorias más sangrantes del país.
La Comisión también urgió al gobierno estatal a dejar de
normalizar símbolos de la impunidad y a actuar con responsabilidad ética y
política frente a la memoria de las víctimas. Fue, en pocas palabras, un jalón
de orejas histórico.
Cultura, nomenclatura y omisiones
Cobrarle la factura solo a la directora de Actividades
Cívicas es poca cosa. El problema toca de lleno a la Secretaría de Cultura,
donde también se deben asumir responsabilidades.
La gobernadora tendrá que responder a la iniciativa que pronto llegará al
Congreso: la revisión completa de efemérides, homenajes, glorias inventadas,
calles y monumentos heredados de regímenes que se fabricaron sus propios
héroes.
Por eso tenemos calles llamadas René Juárez Cisneros,
Figueroa, Añorve, y un catálogo interminable que nadie se atreve a revisar.
¿Qué pasó? ¿Por qué no ha cambiado nada?
En la Ciudad de México ya se renombraron calles para armonizarlas con las
causas democráticas y con el espíritu republicano actual. ¿Y Guerrero?
Sigue detenido en la nomenclatura de la impunidad.
No se trata de prender fuego al estado ni de provocar un
enfrentamiento político como los de antes. Se trata de una reforma democrática,
abierta, discutida, donde los diputados estudien la historia que no conocen y
actúen conforme a las causas que dicen representar la izquierda, la justicia
social, la memoria de las víctimas.
Y sí: la secretaria de Cultura debe irse.
No por venganza, sino por coherencia. Sería incluso un favor
a la gobernadora colocar ahí a alguien respetado por la comunidad cultural, y
no a una funcionaria cuestionada por caprichos ajenos.
Urge el cambio.
Urge la iniciativa.
Urge la disculpa pública.
Lo demás ya está dicho y ya está escrito.
Acapulco, a 13 de
noviembre de 2025

